La cuestión identitaria en los gitanos españoles,

por Ángel Giménez

Ángel Giménez

“¿Para qué, entonces, hablar de gitanos? ¿Para aniquilarlos o para descubrirlos? ¿Para consumar la integración asimiladora o para posibilitar una convivencia sin trabas?” Son algunas cuestiones que, en torno a la identidad gitana, hemos extraído del texto ‘Sobre la cultura gitana’, cuyo autor Antonio Carmona, una de las mentes preclaras de la comunidad gitana española, escribió hace más de tres décadas y que su vigencia es absoluta. Autores tan leídos como Maalouf, o Parekh profundizan sobre los puntos cardinales de un escrito que no tiene desperdicio, redescubriendo su rabiosa actualidad. El muy estudiado fenómeno de la mundialización, participado por sociedades diversas, debe ser la forja de un nuevo concepto identitario. Nadie debería sentirse excluido de la civilización común, con sus lenguas en las que hallar su identidad, con algunos símbolos de su cultura propia. Los descarríos criminales identitarios, sin embargo, oscurecen el panorama de fraternidad universal que es el bien más preciado de la multiculturalidad. Teniendo en cuenta que la diversidad cultural es elemento y condición de la libertad humana, rescatar parcialmente el texto de Antonio Carmona, me parece necesario y de lo más oportuno, pues deja concluso el estéril debate identitario de los gitanos españoles. Sobre todo admitiendo que “no podemos obtener una foto fija de la identidad gitana”.


“¿Para qué, entonces, hablar de gitanos? ¿Para aniquilarlos o para descubrirlos? ¿Para consumar la integración asimiladora o para posibilitar una convivencia sin trabas?” Son algunas cuestiones que, en torno a la identidad gitana, hemos extraído del texto ‘Sobre la cultura gitana’, cuyo autor Antonio Carmona, una de las mentes preclaras de la comunidad gitana española, escribió hace más de tres décadas y que su vigencia es absoluta. Autores tan leídos como Maalouf, o Parekh profundizan sobre los puntos cardinales de un escrito que no tiene desperdicio, redescubriendo su rabiosa actualidad. El muy estudiado fenómeno de la mundialización, participado por sociedades diversas, debe ser la forja de un nuevo concepto identitario. Nadie debería sentirse excluido de la civilización común, con sus lenguas en las que hallar su identidad, con algunos símbolos de su cultura propia. Los descarríos criminales identitarios, sin embargo, oscurecen el panorama de fraternidad universal que es el bien más preciado de la multiculturalidad. Teniendo en cuenta que la diversidad cultural es elemento y condición de la libertad humana, rescatar parcialmente el texto de Antonio Carmona, ante el arribismo a que está sometido el estudio de la comunidad gitana, me parece necesario y de lo más oportuno. Sobre todo admitiendo que “no podemos obtener una foto fija de la identidad gitana”.

«En nuestra Europa occidental hay pueblos a los que todavía les cuesta concebir su identidad si no es remitiéndose exclusivamente a su propia cultura. La minoría romaní nos sirve de paradigma pues sufre el embate identitario de una manera, cuando menos, problemática.»

Recogiendo el espíritu maaloufiano entendemos que se debería animar a todo ser humano a que asumiera su propia diversidad, a que entendiera su identidad como la suma de sus diversas pertenencias en vez de confundirla con una sola, erigida en pertenencia suprema y en instrumento de exclusión. De igual forma, y en alusión a mi artículo multiculturalismo y minorías étnicas, las sociedades deberían asumir las múltiples pertenencias que han forjado su identidad a lo largo de la historia, y que hoy por hoy todavía siguen configurándola. Dichas sociedades deberían hacer un esfuerzo para mostrar su diversidad. En nuestra Europa occidental hay pueblos a los que todavía les cuesta concebir su identidad si no es remitiéndose exclusivamente a su propia cultura. La minoría romaní nos sirve de paradigma pues sufre el embate identitario de una manera, cuando menos, problemática.

La polémica nos viene de la mano de una voz autorizada, la de Antonio Carmona, cuando en su texto señero ‘Sobre la cultura gitana’, apunta: “... La noción misma de identidad ha cambiado y también la actitud con la que se explora. ¿Para qué, entonces, hablar de gitanos? ¿Para aniquilarlos o para descubrirlos? ¿Para consumar la integración asimiladora o para posibilitar una convivencia sin trabas?” En la respuesta a estas preguntas está en juego la forja de la nueva Europa y de su concepción de identidad. En dicho texto se abunda en los principios definitorios del concepto identitario, pues “...la identidad no es una esencia inmutable, absoluta y eterna; ni tampoco se puede llamar identidad a unas cuantas diferencias con respecto a los demás. De la identidad propia de algo forman parte ciertos caracteres estructurales y ciertas propiedades que la asemejan a otras identidades, tanto como las que lo diferencian de otras. Es decir, la identidad concreta consta tanto de lo semejante como de lo diferente. La identidad, si se quiere llamar así, no es algo hecho y cerrado que consistiría en una serie de rasgos culturales que se transmiten y se adquieren uniformemente en el interior de un grupo dado. La identidad cultural de una colectividad humana no es un concepto fijo, ni estático, ni eterno. Hecha de espacio y tiempo, la identidad se forja a lo largo de la historia: es dinámica, abierta y viviente...”.

«¿Para qué, entonces, hablar de gitanos? ¿Para aniquilarlos o para descubrirlos? ¿Para consumar la integración asimiladora o para posibilitar una convivencia sin trabas?” En la respuesta a estas preguntas está en juego la forja de la nueva Europa y de su concepción de identidad.»

Resulta muy difícil, es tarea ardua pero factible, definir el amplio concepto de identidad, pues es en primer lugar una cuestión simbólica, más aún, es cuestión de apariencias. En nuestros días, en el constructo globalizador que nos toca vivir, la mundialización es vista como una amenaza para la diversidad cultural. Todas las comunidades humanas, de norte a sur, de oriente a occidente, poseen sus singularidades. La identidad gitana no iba a suponer una excepción, sin embargo: “... referir los caracteres fijos de cualquier grupo social es, por consiguiente, una tarea de por sí imposible o cuando no, impropia o errónea de nuestra inteligencia. No se puede hacer la foto fija de la identidad gitana. Hace mucho tiempo que Darwin descubrió el carácter evolutivo de la Naturaleza y de la naturaleza de la Historia. Así pues, la identidad concreta es un espejismo, o una entelequia, o, tal vez es una ilusión. En la idea de identidad se dan aspectos particulares (individuales), aspectos comunes a más de un grupo y aspectos universales o comunes a todos los grupos humanos. Es verdad que es posible, si acaso, mantener que son reconocibles en los gitanos ciertos rasgos, principios y actitudes con respecto a costumbres, ritos y conductas. Pero nada que vaya más allá del ámbito familiar, más o menos extenso. Más que hablar de “identidad”, hay que hablar de referencias educativas, familiares, de educación, de hábitos y destrezas. Esto sería lo cabal”.

‘Sobre la cultura gitana’, texto de obligada lectura para comprender la idiosincrasia de la comunidad gitana, alude a la unificación de hecho que se produce, y que no ha sido decidida por nadie sino impuesta por las realidades cotidianas. El logro de conciliación de las distintas exigencias del concepto identitario implica sin lugar a duda preservar la diversidad cultural, desde una óptica revisionista, y en una civilización esencialmente universal nos lleva, inexorablemente, a rescatar el concepto de fraternidad universal carmoniano, de apertura a una convivencia digna de todos los hombres y mujeres en cualquier latitud. El problema estriba en el reconocimiento asumido, siguiendo la referencia del profesor Carmona, cuando afirma: “...una conciencia de pertenencia crítica lo será necesariamente de las múltiples pertenencias reales que deben ser reconocidas, incluyendo numerosas pertenencias optativas, que pueden ser, o no, asumidas. Porque, ¿quién establece, y en virtud de qué criterio, que tal o cual diferencia debe considerarse significativa y constituir, esa y no otra, un hecho diferencial o un marcador de identidad étnica? A los “establecedores de la identidad” se les ha llamado comúnmente “caudillos”, “salva patrias” o “iluminados” porque para eso están o alguien los ha puesto para cumplir con la “alta misión” de salvar las esencias de la identidad étnica. Pero en fin, dejémonos de sarcasmos: la defensa de la identidad no compatibiliza con la libertad, evidentemente...”.

«La teoría nos enseña que para que una sociedad multicultural funcione deben darse ciertas condiciones para el éxito, tales como una cultura común de base intercultural, una educación multicultural y una idea de identidad nacional plural e inclusiva. En el caso de la comunidad gitana española nos encontramos con lo siguiente: “Nunca hemos sido considerados como una ‘minoría nacional’. No lo somos.»

La teoría nos enseña que para que una sociedad multicultural funcione deben darse ciertas condiciones para el éxito, tales como una cultura común de base intercultural, una educación multicultural y una idea de identidad nacional plural e inclusiva. En el caso de la comunidad gitana española nos encontramos con lo siguiente: “Nunca hemos sido considerados como una "minoría nacional". No lo somos. No todas las diferencias étnicas, culturales o lingüísticas conducen a la creación de minorías nacionales. Nuestra manera de estar ha sido y es la de contacto con realidades culturales diferentes. La heterogeneidad de los gitanos españoles es evidente. Y esto ha ocurrido porque nunca nos hemos propuesto nuestra autonomía cultural, sino en todo caso, nuestra autenticidad. La situación presente de la etnia gitana se explica por la totalidad de su pasado, es decir, por la historia de las realidades que en ella se dieron. Por tanto, aplicar soluciones, o lo que es lo mismo, proyectar el futuro de la comunidad gitana depende de una exhaustiva evaluación de su presente, remontándose lo más posible en las causas, quiero decir, en el pasado. Resultando en síntesis que la situación actual de los gitanos es la de una etnia en un proceso de aculturización progresiva que hace falta reconvertir mediante dos instrumentos. El primero, dotarnos de una conciencia histórica que nos haga plenamente conscientes de las rupturas que caracterizan nuestra cultura hoy. En segundo lugar aceptar los cambios necesarios para paliar nuestras carencias culturales que nos sitúen en el mundo de hoy”.

La presencia de diferentes culturas y perspectivas culturales en el seno de una sociedad ofrecen, a primera vista, muchas ventajas. Cuando la diversidad cultural se liga a la competición, dicha forma de concebir la diversidad anularía la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, los amish, los grupos religiosos ortodoxos y aun otros que ni quieren competir ni desean descubrir nuevas verdades. En este último grupo están los gitanos. De nuevo con precisión quirúrgica, Antonio Carmona, puntualiza: “Mientras los gitanos no superemos la marginación histórica, mientras los gitanos no nos ocupemos de dinamizar nuestra cultura y de dignificarla en el conjunto cultural de nuestro país, no podremos llamarnos individualmente gitanos. Debemos lograr una verdadera conciencia colectiva que nos haga artífices de nuestro futuro. Y no podemos ni debemos permitir que otros nos manipulen y nos interpreten, o que se superpongan los intereses personales a los colectivos. Por tanto, ni para vivir plenamente nuestra cultura ni tampoco para sobrevivir como cultura estamos preparados. Nuestra identidad se coloca así en entredicho [...] Para nosotros la libertad es la cultura. De esa libertad surge un determinado sentido de la cultura, una respuesta personal y colectiva ante los estímulos externos. La libertad es pues el principio fundamental de la cultura gitana [...] Pero la pasividad gitana o, mejor dicho, la impasibilidad, su resignación a lo largo de la historia y ante la política seguida para con ellos o contra ellos ha sido y es proverbial. La sumisión más absoluta, la resignación, el fatalismo... son las respuestas gitanas ante la agresión, la incomprensión o la miseria. No hay una conciencia colectiva y unificadora que nos permita enfrentar nuestra realidad o lo que nos acaece. Constituimos una cultura sin puntos de referencia estables o suficientemente asumidos, generalizados y válidos, que nos permitan asumir nuestra historia y proyectar nuestro futuro”.

«..la identidad concreta consta tanto de lo semejante como de lo diferente. La identidad, si se quiere llamar así, no es algo hecho y cerrado que consistiría en una serie de rasgos culturales que se transmiten y se adquieren uniformemente en el interior de un grupo dado. La identidad cultural de una colectividad humana no es un concepto fijo, ni estático, ni eterno. Hecha de espacio y tiempo, la identidad se forja a lo largo de la historia: es dinámica, abierta y viviente...»

Partiendo de una convicción profunda, alentada desde siempre por mis progenitores, por la cual el futuro no está escrito en lugar alguno, sino que será lo que nosotros hagamos de él, y teniendo en cuenta que la globalización nos puede llevar a lo mejor pero también a lo peor, se espera la aparición de una nueva manera de entender la identidad. Mientras eso ocurre, nos remitimos a la sentencia carmoniana, que sabe a baño de realidad pura y dura: “Disueltos en la turbulencia de los tiempos que corren, resulta difícil, cuando no imposible, encontrar puntos de referencia estables que unifiquen y den vigor a la “identidad gitana”. O, ¿podría decirse que, paradójicamente, la ausencia de una poderosa corriente unificadora es lo que "distingue" o da "vigor" a la identidad gitana? Pudiera ser. El devenir histórico se ha soportado con una sola idea de la conciencia gitana: el etnocentrismo, que unas veces ha sido vivido como imposición y otras como necesidad inexcusable y propia para permanecer así en su identidad. A lo que hay que añadir el hecho, que se ha convertido en crucial, de ser una etnia marginada. Los gitanos se han venido integrando como marginados o bien la conciencia de su marginación los mantuvo en ella”.