Etnodesarrollo versus comunidad gitana,

por Ángel Giménez

Ángel Giménez

Entendiendo el etnodesarrollo como la capacidad autónoma de una sociedad culturalmente diferenciada para conducir su propio desarrollo concluimos que dicho derecho ha sido vulnerado flagrantemente en la comunidad gitana española. De modo que los gitanos y gitanas españoles, quedamos condenados al asimilacionismo, puesto que las estrategias de resistencia étnica, enmmarcadas en el ámbito de las nuevas éticas públicas, quedan disueltas. La cuestión gitana está por resolver…


Una relectura obligatoria para todo gitanólogo que se precie, es el libro titulado ‘La diferencia inquietante’, de Teresa San Román, maestra de todos en asuntos gitanos. En él se ocupa únicamente de los “gitanos en situación socioeconómica precaria”. Problematiza, pues, desde la óptica de la antropología, el segmento de población marginal de la etnia gitana.

«En todas las pragmáticas, incluso con grandes variaciones, hay una constante objetivo de asimilación bajo amenaza y cierta ayuda social inspirada por los objetivos asimilacionistas de cada momento…»

De modo que, a través del largo recorrido histórico que propone la autora del texto (desde la entrada de los gitanos en la Península Ibérica hasta el período posterior a la guerra civil española), nos muestra los procesos de integración, aculturación, marginación y resistencia étnica problematizando los procesos de continuidad y cambio cultural, las relaciones interétnicas y los procesos de integración y acumulación experimentados por los gitanos y, también, sobre los productos ideológicos como productos y gestores de consecuencias para todas estas relaciones. Hay que tener en cuenta, a lo largo de todo el recorrido histórico, una constante que se da hasta nuestros días, y, supone las grandes diferencias entre distintas poblaciones gitanas y de los distintos tiempos y condiciones históricas.

Por ejemplo, ya hacía el año 1427 se contienen los elementos del estereotipo (frente a los gitanos) que se repite una y otra vez a lo largo de toda la historia, pues supone el primer cuadro de tipificación negativa de los gitanos y que permancen “machacona y reiterativamente hasta hoy”. Lo que fue palmario, y creo que es interesante destacar, fue el intento de eliminación sociocultural y, hasta incluso, física de los gitanos que causó grandes sufrimientos y en sentido histórico supuso una inutilidad manifiesta aportando esa “mezcla de perversidad y estupidez que constituye la xenofobia y el dolor y la resitencia que tantas veces produce”. Frente a todas estas leyes los gitanos permanecen inmutables, sufrientes, incorruptibles y nómadas a través de todos los tiempos y condiciones. Hay que recordar sobre los gitanos, que desde su llegada a la Península, el objetivo de eliminación social y cultural es una constante.

Teresa San Román puntualiza el concepto de política étnica, afirmando: “…es la que se dirige a un grupo culturalmente diferente, caracterizado o no por marcadores físicos también diferentes, en tanto que tal grupo colectivamente considerado como otro respecto a un propio o a un nosotros.”

Del concepto de política étnica, que se utiliza para referirse a un grupo culturalmente diferente, caracterizado o no por marcadores físicos también diferentes, en tanto que tal grupo colectivamente considerado como otro respecto a un propio o a un nosotros, deviene otro referido a la resistencia étnica. En todas y cada una de las pragmáticas promulgadas las intervenciones pusieron de manifiesto, básicamente, dos aspectos. El primero, el fracaso del asimilacionismo y el segundo el éxito de la resistencia étnica.

Todas las pragmáticas en suma son un intento de asimilación acorde con los modos de la época y orientado por la política centralista y cultural y religiosamente homogénea de los nuevos estados nacientes en Europa, en el caso español tuvo un carácter xenófobo y culturalista en defensa de los intereses del Estado; sólo hay que pensar que la orden de asimilación o expulsión de los gitanos llega pocos años después de haberse producido contra los judíos e inmediatamente antes de aplicarse la persecución contra los musulmanes para forzar su conversión. De facto el resultado de la agresión contra estas dos minorías fue muchísimo más contundente que la de la persecución a los gitanos. Una de las causas principales que hacía inoperantes los exhortos de expulsión de los gitanos es que en el siglo XVI éstos se estaban dando en todas partes al mismo tiempo de modo que se les pedía que se volatilizaran pues quedaban pocos rincones en Europa en donde podían exiliarse.

Nos encontramos con la prohibición de signos culturales diferenciales y la amenaza de expulsión pero con Felipe IV da un giro rotundo la orientación política étnica que el monarca decide abolirla, pues la pragmática de 1633 pone fin a los reiterados decretos de expulsión, aunque retirado el decreto de expulsión impone la amenaza de esclavitud a todo aquel que gitano que salga de su hogar por un periodo superior a seis meses. De modo que la pragmática de Felipe IV anula la amenaza de expulsión pero perpetua la presión constante sobre los gitanos para que abandonen su identidad, su cultura, y, su modo de vida.

«…la conclusión de este riguroso recorrido histórico que nos propone San Román es que la imagen negativa de los gitanos desde el siglo XV hasta nuestros días es la esclerotización de dicha imagen que desemboca en el problema del prejuicio…»

En, tanto es así, por ejemplo que las cuadrillas de bandoleros gitanos resultan en buena parte ser payos quienes las constituyen. En definitiva, existe una política clara y manifiesta en todos estos siglos dirigida a la asimilación de los gitanos, con una alternativa clara o se someten o se van. Existe un interés en separarlos que teñirá toda la política étnica española y llegará a sus versiones más duras y desastrosas en la segunda mitad del siglo XX. También es notable el número de testimonios que apuntan a la negativa de ciertos payos al acoso de gitanos; gentes del pueblo llano pero también nobles, justicias, alcaldes, militares y clérigos y, hasta cierto punto, la Iglesia. En suma, la tesis defendida por la autora viene a decir que las estrategias culturales pueden seguirse a través de la historia de los gitanos en España hasta el día de hoy, pues los defectos principales de la política étnica continúan en los periodos siguientes e insisto, incluso, hasta nuestros días.

En el ámbito europeo, en la primera mitad del siglo XX, el estallido de la segundo guerra mundial revivirán el racismo. Así San Román apunta: “el silencio y el olvido de sus muertes son la prueba más atroz y contundente de su liminalidad. Tras la guerra la resistencia étnica se hace muy difícil. En el caso español los gitanos siguieron asentándose en pueblos y ciudades en pequeños grupos de parientes, durante la primera mitad del siglo pasado y si en el siglos anteriores era el bandolerismo era su modus vivendi, ahora era el estraperlo de tabaco sobre todo pero también de otros productos como café, aceite, …

El colofón a todo el largo recorrido histórico, en palabras de Santos Juliá, fue que el problema gitano paso de los Ausburgo, a los Austrias y de éstos a los Borbones, y quedo por resolver. Yo añadiría que la solución al problema gitano en España sigue sin resolver, a la vista de las conclusiones obtenidas por Diego Luis Fernández, en su tesis doctoral “Una respuesta a la cuestión gitana. Reflexiones jurídico constitucionales sobre una minoría cultural española”.

«El etnodesarrollo implica, fundamentalmente, fortalecer y ampliar la capacidad autónoma de decisión de dicho grupo. Obviamente, el derecho al etnodesarrollo de las gitanas y de los gitanos españoles ha sido sistemáticamente vulnerado.»

Todas las conclusiones a las que llega la autora se pueden inveterar con el concepto de etnodesarrollo, que puede entenderse como la capacidad autónoma de una sociedad culturalmente diferenciada para guiar su propio desarrollo. Si entendemos, pues, el etnodesarrollo como el ejercicio de la capacidad social de un pueblo para construir su futuro, aprovechando las enseñanzas de su experiencia histórica y los recursos reales y potenciales de su cultura; concluiremos que los gitanos españoles, desde su entrada en la Península, no han podido de modo alguno desarrollar este concepto. El concepto de etnodesarrollo es transversal en cuanto que se mueve en distintos ámbitos (cultural, social, económico, …), y en un nivel político se fórmula del siguiente modo pues impulsar o crear las condiciones

También desde el nivel político, y siguiendo en el nivel político, el etnodesarrollo consiste en el reconocimiento de los diversos grupos étnicos como unidades políticas en el seno de los Estados nacionales de los que en la actualidad forman partes no diferenciadas. En este sentido, en la tesis doctoral de Diego Luis Fernández, señala que la Romipen (la gitaneidad) española no alcanza el umbral mínimo, es decir, no se dan tan siquiera las condiciones mínimas para el desarrollo de este grupo étnico. Puesto que la capacidad potencial para la autogestión está relacionada directamente con la existencia propia de organización social que funcione en el seno de la comunidad étnica. En el caso de los gitanos españoles se ha montado una plataforma llamada Consejo Nacional del Pueblo Gitano, un órgano consultivo que no tiene ningún poder vinculante. Se confirma la afirmación de Teresa San Román cuando desgrana el proceso de construcción de la diferencia que, sobre la base de prejuicios y estereotipos, lastra los intentos de integración de esta minoría étnica por parte de la sociedad dominante. El etnodesarrollo propicia un cambio de correlación de fuerzas sociales, de modo que favorezca a los grupos sociales que pugnan por el desarrollo de su cultura propia, en el caso de los gitanos españoles, un reconocimiento al concepto de Romipen apadrinado por Diego Fernández, y también comprende las formas de organización y las identidades de las comunidades étnicas.

En cuanto a la organización gitana nada sabemos de ella, no es de extrañar pues tampoco sabemos ni cuántos son ni cómo son (censos) y eso que hoy en día a pesar de todos los avances técnicos (demográficos) no hay un censo de gitanos. Aquí viene a colación una afirmación de la autora que define con certeza el problema de los gitanos españoles:” …Sabemos muy poco de los gitanos casi siempre nos hemos tenido que conformar con lo malo que nos cuentan de ellos…” Vistas así las cosas, en la actualidad, se está consiguiendo el objetivo que persiguieron las primeras pragmáticas. El logro del asimilacionismo frente a la ineficacia de la resistencia étnica, auspiciada por la caridad institucionalizada y los organismos pro-gitanos, es una realidad palpable.