¡¡¡¿Ocurrencias Educativas?!!! No. Gracias,

por Enrique Giménez Adell

Enrique Giménez Adell

Apologeta del proyecto educativo ‘Comunidades de Aprendizaje’, el presidente de la Fundación Punjab, desplaza el núcleo del debate educativo al tratamiento de la educación marginal, raciali- zada o no, que se da en los colegios segregados de este país. Advierte que no es época, tras la pan- demia que nos asola, de experimentos con la infancia escolar marginal sino de implementar sis- temas basados en evidencias científicas, que obtengan resultados óptimos y garanticen la conse- cución del Derecho a la Educación en su máxima expresión. En tiempos de tribulación, pues, nada de ocurrencias educativas...


Tras esta maldita pandemia que nos ha tocado vivir y que ha quebrado la ‘normalidad’ del curso académico 2019-2020... Este forzado parón, que ha trastocado la vida de la ciudadanía, también ha supuesto un duro golpe para la educación marginal, racializada o no, de este país. Por desgracia para muchos de los alumnos marginales de este país nada ha cambiado. En el colectivo marginal escolar, salvo contadas excepciones, todo sigue igual —para vergüenza de los responsables educativos del país, con transferencia de competencias o sin ella—. Por ello es necesario reclamar la atención de la clase política porque se dan situaciones que un país democrático no debe consentir. Y nada se hace para remediar esos contextos de desigualdad que, en ocasiones, claman al cielo.

«...Mientras no se consiga desarrollar en toda su plenitud el derecho a la educación, mientras se sigan vulnerando constantemente los derechos fundamentales de una porción, cada día más númerosa, de infancia marginal, mientras no se adopten criterios educativos válidos para todo el mundo tendremos una educación plagada de desigualdades, con una escuela de muy baja calidad...»

Tras muchos años en el día a día con la infancia escolar gitana creo que existe un precario equilibrio entre el binomino voluntad e incompetencia que se plantea. Y la pregunta, ayer como hoy, es siempre la misma. Todo un dilema, que se puede cuestionar del siguiente modo, ¿o no existe demasiada preocupación o, por el contrario, no hay capacidad para resolver el problema de las desigualdades sociales en el ámbito escolar? Cuando en teoría parece que es un tema ampliamente superado, y no lo es en absoluto, lo que me sorprende es que haya tanta unanimidad en la cuestión ontológica, es decir lo que debe ser, y tanta ineficacia en la práctica, a saber, lo que es. Aquí existe un rosario de ejemplos, repartidos por toda la geografia española, que refuerzan esta tesis. Desde colegios como el ‘Mediterráneo’ de Tarragona, que funciona a las mil maravillas; como ‘La Paz’ en Albacete, que fue mascarón de proa en otro momento y que, hoy por hoy, ha resultado un fiasco, otros como en Castellón, cualquiera de los cuatro colegios gueto, que han colgado el cartel de comunidades de aprendizaje y siguen utilizando el sistema tradicional de escuela, o otros como en Valladolid, en el que el cien por cien de los alumnos son gitanos. Cuando desde el Consejo de Europa se dice: «urge interrumpir la transición intergeneracional de pobreza y exclusión social de los menores gitanos desde su más tierna infancia», constatamos que la hipocresía social campa a sus anchas, para vergüenza de las administraciones que han equiparado el derecho a la educación con la obligación de ir a la escuela.

Uno de los derechos inalienables y fundamentales es, a saber, el derecho a la educación. Éste es constantemente vulnerado por los distintos programas educativos, desarrollados en los centros gueto de los gobiernos democráticos. Para empezar, y eso es muy grave, parece que pocos han entendido que supone el derecho a la educación. La falsedad de los conceptos conlleva, sin lugar a dudas, la prostitución de la democracia. Y, en pruridad, no hay tal falsedad sino simulación. Es importante aquí observar la distinción entre verdadero y verosímil. Porque en materia educativa se ejecuta la simulación del presunto éxito (del sistema), fingiendo que éste funciona. Y eso es así, lo lamentable —y supone un crimen de lesa infancia— es que lo hace a costa del sufrimiento y la exclusión de los más vulnerables. La política de absentismo escolar hace aguas por todas partes. Más todavía: una escuela no inclusiva, en la que son ninguneados una proporción cada día más grande de alumnado marginal, está abocada a hundirse.

Ciertamente todo lo referido a cuestiones de estrategias, planes, marcos estrategicos y demás eufemismos para la comunidad gitana se han convertido en un abominable déjà vu. Para los que vivimos el día a día las situaciones que atañen a la infancia escolar más vulnerable la cuestión se ha convertido en una querella de lesa humanidad. Justamente porque fagocita a los más débiles, lo cual resulta intolerable. Es un dislate, bien por falta de profesionalidad funcionarial bien por imcopetencia política, que el derecho a la educación no se obtenga en su máxima expresión. Dar solución al derecho a la educación es un problema que compete a todos los políticos, a los que detentan el poder y a los que están en la oposición. Puesto que consiguiendo disfrutar en plenitud el derecho a la educación obtendremos una sociedad más justa, solidaria y competente. Sin embargo, la realidad de la situación, además de caótica, es lamentable. Pues debemos ser muy escrupulosos evitando caer en la superficialidad, al hablar de educación marginal, ante todo y como principio fundamental tenemos que alejarnos de toda presentación reduccionista y parcializadora o disgregadora de la realidad íntegra y unitaria que sufre y padece el colectivo escolar marginal.

«La cuestión de pretender la solución del problema educativo por la vía escatológica supone condenar a muchos miles de niños y niñas europeos a sufrir consecuencias nefastas para el resto de sus días. Afrontar el problema, sin dejarlo para el fin de la historia, supone implantar el proyecto educativo de ‘Comunidades de Aprendizaje’, al menos en los centros marginales.»

Le raison d ́être de la Fundación Punjab es la firme convicción que la educación es un instrumento capaz de provocar la transformación de la sociedad, al menos en términos igualitarios, y la comunidad de aprendizaje se nos antoja el canal apropiado para obtener un sistema educativo de éxito, como ha reconocido la Unión Europea o como se ha podido comprobar en muchas escuelas del planeta. Implantado el proyecto educativo (‘comunidades de aprendizaje’) observaremos como el índice de absentismo y el de fracaso escolar serán en el futuro anecdóticos. Nuestra pretensión no es otra, por megalomana que parezca, que recoger los anhelos de progreso, bienestar e igualdad de derechos y oportunidades de la infancia escolar marginal; empero, en la actualidad se da una situación de manifiesta desigualdad estructural respecto a sus conciudadanos.

Es profundamente injusta la situación que propicia esa especie de ghetto educativo en la que se hallan inmersos el alumnado marginal, muchos de ellos pertenecientes a la comunidad gitana, provocado por la escasez de recursos (materiales y humanos) que sufre una porción de infancia negandósele oportunidades básicas. En este contexto, la justicia, como virtud y esencia del derecho, es la clave para solucionar el conflicto de la calidad de la enseñanza, y también, de paso, para consolidar una verdadera democracia. No hay que olvidar que cuando la inequidad, la injusticia y la dictadura del prejuicio racializado son la norma, la justicia, el derecho y la democracia mueren. Derecho y justicia son, pues, pilares en los que se construye el edificio del derecho a la educación. La gran tragedia, en materia educativa, en nuestro país — ya hemos citado algunos aunque son múltiples los ejemplos, y se dan en todas y cada una de las comunidades autónomas— es que parece no haber comprendido, en toda su extensión, qué significa el derecho a la Educación. Y si lo saben, es cuestión de querella de lesa humanidad, o me quieren convencer de ¡¡¡¿qué hay voluntad política de cumplir con el derecho a la educación en algunos de los colegios CAES del territorio nacional!!!? Por ejemplo, desde la Fundación Punjab, era por entonces noviembre de 2007, a las autoridades educativas autonómicas y locales, se denunció la grave situación que vienen sufriendo el más vulnerable colectivo dentro de la grey estudiantil. Se propusó un PROYECTO ESPECIFICO DE CENTRO, insertado en un Plan Estrategico por la Integración Educativa de la Infancia. Desde entonces hasta hoy, pues eso, nada de nada.

La pregunta —ya formulada al comienzo de este artículo— de siempre llegados a tal punto, es la disyuntiva de siempre, a saber, ¿no existe demasiada preocupación o, por el contrario, no hay capacidad para resolver el problema de las desigualdades sociales en el ámbito escolar? La cuestión de pretender la solución del problema educativo por la vía escatológica supone condenar a muchos miles de niños y niñas europeos a sufrir consecuencias nefastas para el resto de sus días. Afrontar el problema, sin dejarlo para el fin de la historia, supone implantar el proyecto educativo de ‘Comunidades de Aprendizaje’, al menos en los centros marginales. No me voy a prodigar más sobre el proyecto educativo de las ‘Comunidades de Aprendizaje’, ha sido en mi cuasi obsesiva la idea de su implantación, me he dedicado a difundir las bondades de dicho proyecto. Los resultados a la vista están. En donde se han implantado, y lo ha llevado docentes comprometidos, competentes e involucrados, ha sido un éxito sin precedentes. Para avanzar en la consecución del ‘Derecho a la Educación’, a pesar de todas las dudas que suscita, sólo hay que echar un vistazo a las revistas pedagógicas especializadas. Allí se encuentra la solución. Es lamentable, que a día de hoy en algunos centros, el derecho a la educación brille por su ausencia. Y eso que la cosa viene de largo, pues fue en el siglo VIII y asociado a la persona de Carlomagno, quien promovió y realizó una importante reforma cultural, en donde se fundan y se multilplican las escuelas, pensando primero en la educación de la infancia. Hete aquí el embrión de las comunidades de aprendizaje.

El aquí y ahora supone, para la mayoría del alumnado de los alrededor de 300 colegios segregados repartidos por España, la vulneración de uno de sus derechos fundamentales. El sacrosanto derecho a una educación de calidad en dichos centros es, simple y llanamente, vulnerado. La clave de bóveda se encuentra en la calidad de la enseñanza y no en otro lugar. Y aqui y ahora, también por desgracia, se observa que hay más preocupación para que se cumpla la obligación de ir a la escuela que a desarrollar el derecho a la educación en su máxima expresión. La obligación de ir a la escuela (aunque en ella los alumnos marginados se encuentren olvidados), el paliar el famoso absentismo, que viene ocupando a los funcionariado docente sin obtener ningún éxito, es el arma que esgrimen. Mientras no se consiga desarrollar en toda su plenitud el derecho a la educación, mientras se sigan vulnerando constantemente los derechos fundamentales de una porción, cada día más númerosa, de infancia marginal, mientras no se adopten criterios educativos válidos para todo el mundo tendremos una educación plagada de desigualdades, con una escuela de muy baja calidad, diga lo que diga los anuales informes Pisa, y, por ende, una sociedad en la que por hipocresia social, para desvergüenza de las administraciones, continuará con el efecto del simulacro bajo el lema ‘el sistema funciona’. Así, pues, no es tal ley educativa ni tal otra lo que supone un problema y a ojos de unos tiene visos de inconstitucionalidad. No es en la ley, ni mucho menos, donde está el problema. El verdadero problema, el nudo de la trama, está en el sistema educativo. Lo que es inconstitucional, y a todas luces una aberración, es un sistema educativo en el que la mayoría del alumnado marginal alcanza la secundaria en una proporción mínima.

En este caso, justicia y derecho forman parte de un sólo ente el DERECHO, en mayúsculas, y por extensión el ‘Derecho a la Educación’. Solucionado este dislate, pasaremos a cuestiones menores como la ideologización en las aulas y otros asuntos que son perifericos pero que son convertidos en puntos neuralgicos por los políticos de turno. Siendo de justicia, pretendemos una educación con mayúsculas, de calidad, De los alumnos que terminan la enseñanza primaria, muy pocos pasan a la secundaria y, de éstos, casi ninguno/a la terminan. Lamentable pero cierto. Hoy en día la comunidad científica tiene medios suficientes para resolver y evitar que los niños y niñas de estos centros no se vean eternamente marginados. El resultado es a todas luces negativo porque no existe ningún tipo de profesionalidad, pues se dan ciertas actuaciones por parte de los ‘docentes’ que son, sin exagerar, de juzgado de guardia. Mientras tanto, el derecho a la educación brilla por su ausencia. No tener meridianamente claro qué supone y significa el derecho a la educación implica un prejuicio añadido a los alumnos marginales. La adhesión de estos centros al proyecto educativo de ‘Comunidades de Aprendizaje’ es la solución que propone la comunidad científica. Le recordamos, al ministro de turno, que el objetivo final de las comunidades de aprendizaje lleva implícita la eliminación del fracaso escolar, aquí se halla la clave de bóveda del exitoso proyecto, y se consigue a través de la transformación no de la adaptación. Freire, pope de la pedagogía moderna y precursor teórico del proyecto educativo ‘comunidades de aprendizaje, enfatizaba que el sentido de la educación es la transformación de las personas y del mundo. Es en este sentido en el que hay que, con urgencia, incidir y dar un nuevo impulso, mutatis mutandi, a las comunidades de aprendizaje en los colegios segregados de nuestro país. Ni se puede tolerar ni es comprensible que un sistema que funciona, y muy bien, en el resto de la geografía mundial no coseche los éxitos deseados en nuestros centros.

La ‘espiral del silencio’ generada en torno a los colegios segregados es palmaria. Las personas que se mueven en la marginalidad también tienen sus sueños y, entienden con claridad meridiana, que todos los niños tienen derecho a una enseñanza que no les condene desde su más tierna infancia. Una vez más: ¡Basta ya! —la repetiremos cuántas veces se nos antoje mientras siga la situación de nuestros centros siga igual— Su inacción, propiciada por esa espiral de silencio aludida, condena a niños y niñas a no disfrutar de nuestra democracia que también es de ellos. Pero ¿cuánto tiempo tenemos que esperar para que alguien ponga remedio a esta injusta e injustificable situación? O, por el contrario, dejamos intacto el efecto simulacro, y con él el estancamiento del sistema educativo que propicia cadáveres en la mayoría del alumnado marginal. El verdadero problema, el nudo de la trama, está en el sistema educativo. Lo que es inconstitucional, y a todas luces una aberración, es un sistema educativo en el que la mayoría del alumnado marginal alcanza la secundaria en una proporción mínima. Para evitar caer en la superficialidad, hablando de educación marginal, ante todo y como principio fundamental se ha de evitar toda presentación reduccionista y parcializadora o disgregadora de la realidad íntegra y unitaria que sufre y padece el colectivo escolar marginal: (repetimos) la situación, además de caótica, es lamentable. Nuestra firme convicción concluye que la educación es un instrumento capaz de provocar la transformación de la sociedad, al menos en términos igualitarios, y el proyecto educativo de comunidades de aprendizaje se nos antoja el canal apropiado para obtener un sistema educativo de éxito, como ha reconocido la Unión Europea o como se ha podido comprobar en muchas escuelas del planeta. Implantado dicho proyecto educativo observaremos como el índice de absentismo y el de fracaso escolar serán en el futuro anecdóticos.

Lo dicho: mucha salud y mucha comunidad de aprendizaje.