En la historia de los estudios romaníes contemporáneos y del activismo por los derechos del pueblo gitano, el nombre de Grattan Puxon (n. 1939) destaca como una figura insoslayable. Escritor, periodista, organizador político y testigo directo de los grandes momentos del internacionalismo gitano del siglo XX, su vida y obra reflejan un compromiso inquebrantable con la causa de los Roma y Sinti. Puxon no fue un académico tradicional: su método fue el de la implicación, la escritura comprometida y el acompañamiento activo a las comunidades más marginadas de Europa.
«Escritor, periodista, organizador político y testigo directo de los grandes momentos del internacionalismo gitano del siglo XX, su vida y obra reflejan un compromiso inquebrantable con la causa de los Roma y Sinti.»
Grattan Puxon nació en Inglaterra en 1939. Formado como periodista y escritor, su acercamiento al pueblo gitano no fue inicialmente académico, sino vivencial. En la década de 1960, renunció a una vida urbana convencional y se instaló en campamentos itinerantes de gitanos británicos (Romanichal), donde comenzó a documentar su situación social, sus costumbres y las múltiples formas de discriminación institucional que sufrían.
Ese contacto directo con la comunidad gitana transformó su perspectiva y definió su trayectoria futura: se convirtió en uno de los primeros gadjé —personas no gitanas— en actuar como mediador, cronista y defensor de las reivindicaciones romaníes en Europa occidental. Su mirada, si bien externa, estuvo marcada desde el principio por un esfuerzo ético por respetar la voz de los propios protagonistas. Tal como él mismo señaló: “No se trataba de hablar por ellos, sino de facilitar los medios para que hablaran ellos mismos” (Puxon, entrevista a Travellers’ Times, 2010).
«Se convirtió en uno de los primeros gadjé —personas no gitanas— en actuar como mediador, cronista y defensor de las reivindicaciones romaníes en Europa occidental. Su mirada, si bien externa, estuvo marcada desde el principio por un esfuerzo ético por respetar la voz de los propios protagonistas.»
Junto a Donald Kenrick, Puxon fue una figura clave en la organización del Primer Congreso Mundial Romaní, celebrado en Londres en 1971. Este evento marcó un antes y un después en la historia política del pueblo gitano: se estableció oficialmente el término “Roma” para referirse al conjunto del pueblo gitano, se adoptaron la bandera azul y verde con la rueda roja (chakra) y se reconoció el himno “Gelem Gelem” como símbolo de la memoria y la identidad romaní.
Puxon fue secretario general del Congreso y redactor del acta fundacional del World Romani Congress, una institución que impulsó las bases del romanismo moderno como movimiento político transnacional. Desde entonces, participó activamente en campañas de derechos humanos, denuncias ante Naciones Unidas y actividades de solidaridad internacional. Fue uno de los impulsores de la lucha contra la esterilización forzada de mujeres romaníes en Europa del Este y colaboró con organizaciones como el Gypsy Council, el Romani Union y más recientemente con Roma Nation.
Entre sus obras más reconocidas se encuentra “We Are the Romani People” (1972), escrita junto a Donald Kenrick, que se convirtió en una de las primeras introducciones sistemáticas a la historia y cultura del pueblo romaní, destinada tanto a un público académico como general. En ella se combinan análisis históricos, testimonios y propuestas políticas que buscaban legitimar la identidad romaní como una identidad europea, con historia, lengua y cultura propias.
«Su enfoque, radicalmente ético, ha sido clave para que el movimiento romaní no quedara atrapado en la nostalgia o el victimismo, sino que se proyectara como una propuesta política de ciudadanía activa y reconocimiento intercultural.»
Otra obra fundamental es “Destiny of Europe’s Gypsies” (1972), también escrita con Kenrick, en la que se denuncia el genocidio gitano perpetrado por el nazismo —el Porrajmos— y se exige su reconocimiento como parte integral del Holocausto. El libro incluye testimonios de supervivientes, referencias a archivos de los juicios de Núremberg y un esfuerzo notable por dar cifras y contexto al exterminio romaní. Según el historiador Ian Hancock, “sin la labor de Kenrick y Puxon, la memoria del genocidio gitano se habría mantenido aún más oculta de lo que ya estaba” (Hancock, 2002, p. 33).
En su faceta como periodista, Puxon escribió numerosos artículos para medios británicos y europeos, denunciando la represión policial a campamentos gitanos, las expulsiones masivas y las políticas de asimilación forzada. En las últimas décadas, ha promovido el uso de medios digitales para difundir la historia oral del pueblo gitano y ha colaborado en proyectos de cine documental como A People Uncounted (2011), en el que ofreció asesoría histórica y testimonios de campo.
«Grattan Puxon representa un caso excepcional en la historia contemporánea de Europa: un intelectual no romaní que supo ganarse la confianza del pueblo gitano por su coherencia, su humildad y su lucha incondicional.»
Grattan Puxon vivió durante muchos años en caravanas, junto a familias gitanas, manteniéndose al margen de las instituciones académicas tradicionales, lo cual —aunque limitó su reconocimiento académico en vida— le permitió conservar una perspectiva genuinamente comprometida y cercana a las comunidades. En palabras de la activista húngara Ágnes Daróczi: “Fue un intelectual sin cátedra, pero con autoridad moral. Su casa fue la carretera, su biblioteca, los testimonios que recogía”.
Puxon sigue escribiendo y participando en actividades públicas, aunque con menor intensidad. Es considerado una figura de referencia por las nuevas generaciones de activistas romaníes, tanto por su defensa de los derechos humanos como por su voluntad de construir memoria histórica desde abajo, desde las víctimas, desde las voces que nunca fueron escuchadas. Su enfoque, radicalmente ético, ha sido clave para que el movimiento romaní no quedara atrapado en la nostalgia o el victimismo, sino que se proyectara como una propuesta política de ciudadanía activa y reconocimiento intercultural.
Grattan Puxon representa un caso excepcional en la historia contemporánea de Europa: un intelectual no romaní que supo ganarse la confianza del pueblo gitano por su coherencia, su humildad y su lucha incondicional. Su obra, profundamente militante y documentada, sigue siendo hoy un referente para los estudios romaníes y para la defensa de los derechos de las minorías étnicas. En un mundo donde el antigitanismo persiste como una forma insidiosa de racismo, su legado es más necesario que nunca. Como él mismo escribió en un manifiesto del Gypsy Council en 1971: “Ser gitano no es un delito. Pero sí lo es negar su existencia, su historia, su dignidad. Europa tiene una deuda con este pueblo, y ha llegado la hora de saldarla”.