El nombre de Donald Kenrick (1929–2015) ocupa un lugar central e ineludible en la historiografía contemporánea del pueblo romaní. Su vida, su obra y su compromiso intelectual han convertido a este lingüista, historiador y activista británico en uno de los principales referentes mundiales en los estudios romaníes. Más allá de su producción académica, Kenrick representa una figura humanista y cercana, profundamente implicada con la historia y los derechos de los gitanos europeos, a quienes dedicó más de medio siglo de investigación rigurosa, denuncia ética y acompañamiento intelectual.
«Su vida, su obra y su compromiso intelectual han convertido a este lingüista, historiador y activista británico en uno de los principales referentes mundiales en los estudios romaníes… representa una figura humanista y cercana, profundamente implicada con la historia y los derechos de los gitanos europeos.»
Nacido en Londres en 1929, en el seno de una familia de clase trabajadora, Donald Kenrick mostró desde muy joven un vivo interés por las lenguas y las culturas minoritarias. Estudió Lingüística y posteriormente se especializó en filología y dialectología romaní, una disciplina que en los años cincuenta era prácticamente inexistente en las universidades europeas. Su trayectoria académica lo llevó a colaborar con el University College London y otras instituciones pioneras en el estudio de las lenguas indoeuropeas. Kenrick fue uno de los primeros académicos no romaníes en tomarse en serio el estudio del romanó —la lengua del pueblo gitano— como objeto digno de investigación científica, más allá de los prejuicios exotistas o folclóricos con que habitualmente se la abordaba.
«Kenrick fue uno de los primeros académicos no romaníes en tomarse en serio el estudio del romanó —la lengua del pueblo gitano— como objeto digno de investigación científica.»
Durante los años sesenta, Kenrick se vinculó con el Gypsy Research Centre, un colectivo multidisciplinar en el que confluyeron lingüistas, historiadores y sociólogos interesados en visibilizar la situación de las comunidades romaníes y sintis en Europa. Su trabajo con el sociólogo y defensor de derechos humanos Grattan Puxon fue clave para la organización del Primer Congreso Mundial Romaní, celebrado en Londres en 1971, que marcaría el nacimiento de un movimiento político romaní transnacional. Aquel congreso, en el que se oficializó la bandera gitana azul y verde con la rueda roja, fue también una plataforma para denunciar las consecuencias del genocidio nazi y reclamar reconocimiento internacional para el Porrajmos. Kenrick fue uno de los primeros académicos en documentar y sistematizar las cifras y testimonios del genocidio gitano, aportando un marco de referencia que sería fundamental para futuras investigaciones.
«Su trabajo con el sociólogo y defensor de derechos humanos Grattan Puxon fue clave para la organización del Primer Congreso Mundial Romaní, celebrado en Londres, marcando el nacimiento de un movimiento político romaní transnacional.»
Entre sus obras más influyentes destacan The Destiny of Europe’s Gypsies (1971), Gypsies under the Swastika (1995) y Historical Dictionary of the Gypsies (Roma) (2007, con Grattan Puxon). En Gypsies under the Swastika, Kenrick analiza en profundidad la maquinaria de exterminio nazi contra los pueblos romaníes, apoyándose en archivos inéditos, testimonios de supervivientes y documentación oficial de los juicios de Núremberg. Su enfoque combina un rigor documental sin concesiones con una clara voluntad de restitución de la verdad histórica. Como él mismo escribió: “La historia de los gitanos durante el Tercer Reich no es una nota a pie de página en la historia del Holocausto. Es una de sus columnas principales, y ha sido ignorada por demasiado tiempo” (Kenrick, 1995, p. 14).
«Kenrick fue uno de los primeros académicos en documentar y sistematizar las cifras y testimonios del genocidio gitano, aportando un marco de referencia que sería fundamental para futuras investigaciones.»
Además de su trabajo sobre el genocidio, Donald Kenrick fue un pionero en el análisis de la dispersión y migración del pueblo gitano en Europa, en su estructura lingüística, y en las dinámicas de exclusión y resistencia que han marcado su historia. En Romani: A Linguistic Introduction (2001), explora las variedades dialectales del romanó con una profundidad filológica que fue reconocida por lingüistas de todo el mundo. Su estudio ayudó a establecer conexiones históricas entre los grupos gitanos de distintas regiones europeas y contribuyó a legitimar la lengua romaní como objeto de estudio universitario.
A lo largo de su carrera, Kenrick mantuvo una relación estrecha con muchas comunidades romaníes, especialmente en Europa Central y del Este. Aprendió varios dialectos romaníes directamente de hablantes nativos y participó en proyectos de alfabetización, documentación oral y desarrollo curricular en romanó. Su actitud siempre fue la de un compañero respetuoso, jamás condescendiente. En palabras de la activista húngara Ágnes Daróczi: “Kenrick fue uno de los pocos intelectuales no gitanos que supo escuchar sin imponer, acompañar sin liderar, y documentar sin apropiarse”.
«Donald Kenrick fue también un defensor comprometido con los derechos civiles del pueblo gitano. Su voz estuvo presente en foros internacionales de derechos humanos… Su trabajo sirvió de base para la elaboración de informes clave sobre la discriminación institucional contra el pueblo gitano.»
Más allá del ámbito académico, Donald Kenrick fue también un defensor comprometido con los derechos civiles del pueblo gitano. Su voz estuvo presente en foros internacionales de derechos humanos, denunció las expulsiones masivas de romaníes en los Balcanes y en Europa occidental, y colaboró con organismos como la ONU, el Consejo de Europa y Amnistía Internacional. Su trabajo sirvió de base para la elaboración de informes clave sobre la discriminación institucional contra el pueblo gitano.
Humanamente, quienes lo conocieron destacan su humildad, su sentido del humor y su pasión por el saber. Era un lector voraz, amante de la música clásica y del café fuerte. Su hogar en Londres acogió durante décadas a estudiantes, refugiados, activistas e investigadores, muchos de los cuales consideraban a Kenrick no solo un maestro, sino un mentor y un amigo. Vivió con su esposa durante más de cincuenta años, y tuvo dos hijos, uno de los cuales siguió también la vía académica. Según testimonio de su hija menor, “para él, ser científico y ser justo eran la misma cosa. Nunca separó el conocimiento de la empatía”.
Donald Kenrick falleció en 2015, a los 86 años, dejando una obra monumental y un legado moral incuestionable. Su figura sigue siendo hoy un faro para las nuevas generaciones de investigadores, gitanos y no gitanos, que buscan reconstruir la historia negada del pueblo romaní. Como señaló el historiador Ian Hancock, “si hoy existen estudios romaníes como disciplina universitaria, es en gran parte gracias a Kenrick. Él no solo abrió caminos. Los caminó con nosotros”.